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sábado, 2 de agosto de 2014

Insomnia.

El mundo... es lo que nos dijeron que era, cómo debía respirarse, tocarse, vivirse, trasmitirse.
Se olvidaron de las letras agudas que dilatan, las graves que respirar estruendos en el firmamento, 
Se olvidaron del aire que por si solo conduce a caminos mágicos, insípidos, sórdidos, pero; al fin y al cabo, caminos...
Se olvidaron del arte, de aquel niño que toca cuerdas con tal sutileza como si comenzara la vida susurrando palabras. Se olvidaron de aquel trapecista del semáforo que con su andar trata de llevar un pan a su hogar.
Se olvidaron de las arrugas del abuelo, trayendo consigo sus cuentos, historias, anécdotas, fatigas, alegrías. Se olvidó el asombro, la inocencia, el amar. Nos olvidamos de vivir como niños traviesos en la calle.  Ahora, ahora son, somos maquinas con armaduras protectoras, tan reales, tan radicales; olvidamos que para sentir no se necesita armaduras, ni mucho menos murallas.



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