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viernes, 3 de octubre de 2014

Lucia.

Oscura se tornó la tarde en aquella primavera, los pájaros corren como manadas descubiertas por la tempestad de aquel pequeño pueblo. Lucia camina al lado de las vías del ferrocarril, gotas de lluvia caen sobre las piedras como un cuchillo afilado al cortar. Ella tiene las manos entre sus bolsillos, camina lentamente mirando el ocaso, y, sin embargo, llueve; las nubes se van juntando y formando grandes algodones oscuros. Sostiene su mirada al cielo, y mientras las afiladas gotas caen por sus mejillas, su cuello, su cuerpo, sus manos... se le unen sus lagrimas dulces, entrelazadas con el agua, Lucia sólo se limita a mirar hacia adentro, pensar hacia afuera, empuñar sus manos y por un instante, enloquecer. El segundo invisible en el que se siente que ese cuchillo te penetra la vida, te parte, te mutila; ella no puede contener el dolor y la quemadura que le produce... lo evidencia con cada mirada triste, sórdida y desolada, nadie lo nota, nadie lo percibe. Lucia lleva consigo una hermosa sonrisa, la cual esconde historias desgarradas, como ella... cada día más, cada día más profunda, cada día más ardiente.

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