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sábado, 20 de septiembre de 2014

Navegar y Navegar.


Entregarse, entregarse en alma, cuerpo... en vida
Desgarrarse cada vez más, en diluir los pesares y los odios
¿Qué más habrá?, qué tanto en su profundidad y su mirar
Todo poco a poco va dejando de importar,
 todo menos esos paraísos en el mar y navegar, navegar y navegar...




Mara... Mara...

Ya sabemos donde están las cosas muertas,
esos rostros de asesinos que regresan
a explicarnos que jamás hicieron nada,
no sé bien donde poner tanta tristeza.
Hoy tratemos de olvidar tanta mentira,
no quisiera darte un beso con tal pena
que presientas otra vez esas heridas,
destilando su dolor de cosas viejas.
Mara, Mara, Mara,
déjame sentarme aquí
a pensar tan sólo en vos
a mirar en tus ojos estrellas
más grandes que el sol.
Al final la vida tiene esa costumbre
de mezclar su cubilete de tal forma,
que no hay quien pueda llegar hasta la cumbre
sin sufrir estrictamente algunas normas.
Hoy sé bien adonde están las cosas muertas,
no me vengan con oscuras bendiciones,
sólo quiero un beso tibio de la vida
sin recuerdos de tortura y dictadores.
Mara, Mara, Mara,
déjame sentarme aquí
a pensar tan sólo en vos
a mirar en tus ojos estrellas
más grandes que el sol.

Víctor Heredia

domingo, 14 de septiembre de 2014

¡Gira! ¡Gira!.


Hoy... escribiré sobre el camino, no de los vientos del pasado ni mucho menos del futuro que ni existen, sólo me tomaré unos segundos de mi eterno presente para re significar mi apreciación ante el mundo. Los pasos me han traído hasta aquí, las hojas caídas de los árboles al andar y divagar  me han conducido al hoy, con un manojo de juegos abstractos en mi cabeza, respiro y recuerdo lo que una vez alguien me decía:

"Yo te pregunto: ¿Y en dónde vamos a parar?
Tú me respondes: No sé, seguro hasta el cielo vamos a llegar.
Yo te digo: Entonces toma mi mano y no paremos de volar.
Tú me dices: Listos, ahora sí preparados para viajar".

El viaje, para mi; de seguro empezó mucho antes... desde las incontables hojas que recogía en un prado, corría y corría sin más... como si al girar y girar todo volviera a estar tal cual lo dejé y lo contemplé, el mismo autobús, el singular buso, las miradas... mi abuelo con sus risas presuntuosas pero con mucha gracia, mi mamá caminando con mi manito agarrada por aquellas calles, si tan sólo no hubiese parado a observar sus ojos, o si aun girara en ese prado muerta de risa acompañada del cielo azul y nubes blancas, del reflejo del sol por mi piel blanca, de las aves y su canto, de la vida y su encanto...por un instante girar y girar; desaparecer, sólo hacerlo, y finalmente poder ser.


domingo, 7 de septiembre de 2014

Breathing...

Qué será del ser si no se permea de silencios, de aire, de suspiros...
¿podrá acaso el alma exaltarse hasta lo más alto de los cielos, o podrá profundizar tanto en los confines más solos y polvorientos del alma y los recuerdos?...
Si tras el paso del viento, mientras los pies divagan entre piedras, ruinas y cemento... llevan consigo las palabras, los sonidos, las lágrimas más desgarradoras, lágrimas también; llenas de luz en medio de esos ojos cristalizados de esperanza...
Qué será de la vida sin la profundidad, ¿A dónde llegarán las palabras más sentidas? ¿A dónde llegarán las palabras muertas o, jamás dichas? quizá lleguen solo al aire, o estén por ahí navegando de nube en nube... simplemente dando y dando sentido a la vida, a las hojas que caen de los árboles como milagros, y a las sonrisas y miradas más sinceras...

miércoles, 13 de agosto de 2014

"He dejado el psicoanálisis"


 
3 de Enero 1959
"He dejado el psicoanálisis. No sé por cuánto tiempo. Estoy muy mal. No sé si neurótica, no me importa. Me siento muy pequeña, muy niña. Y me van abandonando todos. Absolutamente todos. Mi soledad, ahora, está hecha de quimeras amorosas, de alucinaciones... Sueño con una infancia que no tuve, y me reveo feliz ―yo, que jamás lo fui―. Cuando salgo de estos ensueños estoy anulada para la realidad externa y actual. Jamás hubo tanta distancia entre mi sueño y mi acción. No salgo, no llamo a nadie. Cumplo una extraña penitencia. Y me duele funestamente el corazón. Tanta soledad. Tanto deseo. Y la familia rondándome, pensándome con su horrible carga de problemas cotidianos. Pero no los veo. Es como si no existieran. Siento, cuando se me acercan, una aproximación de sombras fastidiosas. En verdad, casi todos los seres me fastidian. Quiero llorar. Lo hago. Lloro porque no hay seres mágicos. Mi ser no tiembla ante ningún nombre ni ninguna mirada. Todo es pobre y sin sentido. No digamos que yo soy culpable de ello. No hablemos de culpables.

He pensado en la locura. He llorado rogando al cielo que me permitan enloquecer. No salir nunca de los ensueños. Ésta es mi imagen del paraíso. Por lo demás, no escribo casi nada.

Hay sin embargo, un anhelo de equilibrio. Un anhelo de hacer algo con mi soledad. Una soledad orgullosa, industriosa y fuerte. Es decir: estudiar, escribir y distraerme. Todo esto sola. Indiferente a todo y a todos".

Texto: Alejandra Pizarnik. Diarios (editorial Lumen).
Imagen: "Jillian con una caja de insectos" de Kristen Hatgi.

sábado, 2 de agosto de 2014

Insomnia.

El mundo... es lo que nos dijeron que era, cómo debía respirarse, tocarse, vivirse, trasmitirse.
Se olvidaron de las letras agudas que dilatan, las graves que respirar estruendos en el firmamento, 
Se olvidaron del aire que por si solo conduce a caminos mágicos, insípidos, sórdidos, pero; al fin y al cabo, caminos...
Se olvidaron del arte, de aquel niño que toca cuerdas con tal sutileza como si comenzara la vida susurrando palabras. Se olvidaron de aquel trapecista del semáforo que con su andar trata de llevar un pan a su hogar.
Se olvidaron de las arrugas del abuelo, trayendo consigo sus cuentos, historias, anécdotas, fatigas, alegrías. Se olvidó el asombro, la inocencia, el amar. Nos olvidamos de vivir como niños traviesos en la calle.  Ahora, ahora son, somos maquinas con armaduras protectoras, tan reales, tan radicales; olvidamos que para sentir no se necesita armaduras, ni mucho menos murallas.



lunes, 7 de julio de 2014

Al sur...

- Al sur -dijo el capitán.
- Pero no hay direcciones aquí en el espacio -respondió la tripulación.
- Cuando uno viaja hacia el sol -replicó el capitán-, y todo se hace amarillo y ardiente y difuso, entonces uno va en una única dirección.
Cerró los ojos y pensó en las tierras lejanas, cálidas y humeantes, y el aliento se le movió suavemente en la boca.
- Al sur -asintió levemente con un movimiento de cabeza-. Al sur.

Texto: Las doradas manzanas del Sol. Ray Bradbury

martes, 17 de junio de 2014

Julio Cortázar

¿Quién los ve andar por la ciudad 
si todos están ciegos ? 
Ellos se toman de la mano: algo habla 
entre sus dedos, lenguas dulces 
lamen la húmeda palma, corren por las falanges, 
y arriba está la noche llena de ojos.